El dolor no baja con los meses
Pasado un tiempo sigue igual de intenso y ocupa casi todo tu día.
Una guía para entender cada tipo de duelo y encontrar pasos pequeños para atravesarlo, a tu ritmo.
Alrededor esperan que estés bien en unas semanas. Vuelves al trabajo, contestas mensajes y sonríes, mientras por dentro todo sigue moviéndose.
Nada de eso es debilidad. Es lo que ocurre cuando algo que importaba ya no está. Merece tiempo, un lugar y un poco de guía.
Tristeza, rabia, culpa y hasta alivio son respuestas esperables. No hay una emoción «correcta».
Las etapas del duelo no ocurren en orden. Un mal día no borra tu avance.
Dormir, comer algo y caminar no resuelven la pena, pero te dan fuerza para atravesarla.
Pide cosas concretas: una hora de escucha, compañía en un trámite, una comida compartida.
Son tres pasos y ninguno se hace mal. Elige uno o haz los tres en orden.
Hablar con un psicólogo o psicóloga puede ayudarte si reconoces alguna de estas señales.
Pasado un tiempo sigue igual de intenso y ocupa casi todo tu día.
Dormir, comer, trabajar o cuidar de otros te cuesta más de lo normal.
Te repites que pudiste hacer algo distinto o evitas cualquier recuerdo.
Llama ahora a la línea de emergencia de tu país o ve a urgencias, y pide a alguien cercano que se quede contigo.
Un paso pequeño cuenta. Elige el duelo que estás viviendo o haz el ejercicio de tres minutos.